jueves, 12 de mayo de 2011

Un poco de amor francés...


Indio: Es una canción simple, un rockito, sin una estructura compleja... Para mí es como la bienvenida a una piba que no es edulcorada. Porque las canciones de amor suelen idealizar la cosa de una manera casi de Corín Tellado, y en realidad, las pibas con las que uno se cruza en esta vida -especialmente si no se vive en un country, en un mundo de ficción- son más rapaces, quieren si quieren más, si no no las engatusás con nada. Son pibas que tienen su mambo, que son tan pulenta como vos.
A mí me gustan más las pibas en serio, no las que están pendientes de algún formato exitoso de la sociedad. Si fuera joven por ahí me gustaría más Soledad que Claudia Schiffer.
En un momento la canción dice que la piba "vino a consolarte". Eso ya te demuestra que es más poderosa que vos, que estás de bajón y aparece la maravilla de esa piba con un defecto o dos, pero que vino a consolarte y está ahí, es de verdad. Y la prefiero así. Es una especie de reivindicación a las chicas de barrio.

Fuente: mundoredondo1.com.ar 



Queda asi confirmada mi hipótesis de que este tema lo escribió pensando en minas como vos y yo. 
Musas inspiradoras de barrio, trotamundos, auténticas... Mixtura perfecta de libros y experiencia, de calle y herencia vivaz.  Tan curiosas como inteligentes, tan lindas como peligrosas...
Minas pillas, reas, mundanas, viciosas, con más noches que la Luna.

Minas que podemos venir a consolarte porque curtimos tu mismo mambo, porque somos de la misma madera, cómplices de tus diabluras.

Yo quiero si quiero más... Cuál hay?


miércoles, 23 de febrero de 2011

Elemental, mi querido Watson....

En una cena con Oscar Wilde y Arthur Conan Doyle, el editor J.P. Lippincot  pide al último que escriba una novela para publicarla en su revista. En ese entonces Conan Doyle apenas está delineando a los personajes que le darían fama mundial. Como consumidor habitual de cocaína, Sir Arthur decide plasmar su vicio en el detective Sherlock Holmes y poner en boca del doctor Watson las críticas que seguramente él recibe o se autoformula. En El signo de los cuatro, novela que aparece publicada en el número de febrero de 1890 en la Lippincot Magazine, Watson comienza el relato con una descripción muy detallada de los hábitos farmacológicos de su amigo:
Sherlock Holmes cogió su botella del ángulo de la repisa de la chimenea, y su jeringuilla hipodérmica de su fino estuche de tafilete. Insertó con sus dedos largos, blancos, nerviosos, la delicada aguja, y se remangó el puño izquierdo de su camisa. Sus ojos se posaron pensativos por breves momentos en el músculo del antebrazo y en la muñeca, cubiertos ambos de puntitos y cicatrices de las innumerables punciones. Por último, hundió en la carne la punta afilada, presionó hacia abajo el minúsculo émbolo y se dejó caer hacia atrás, hundiéndose en el sillón forrado de terciopelo y exhalando un largo suspiro de satisfacción.
Tres veces al día y durante muchos meses había yo presenciado esa operación; pero la costumbre no había llegado a conseguir que mi alma se aviniese a ello. Por el contrario, de día en día me iba irritando cada vez más el espectáculo, y todas las noches sentía indignarse mi conciencia al pensar que me había faltado valor para protestar. Una vez y otra había yo dejado constancia de mi promesa de que diría todo lo que pensaba acerca de ese asunto; pero las maneras frías y despreocupadas de mi compañero tenían un algo que lo hacían el último de los hombres con quienes uno siente deseos de tomarse nada que se parezca a una libertad... aquella tarde tuve la súbita sensación de que no podía aguantarme por más tiempo, y le pregunté:
-¿Qué ha sido hoy: morfina o cocaína?...
-Cocaína, en disolución al siete por ciento. ¿Le agradará a usted probarla?
-De ninguna manera -contesté con brusquedad-. Mi constitución física no se ha repuesto por completo aún de la campaña de Afganistán. No puedo permitirme el someterla a ninguna tensión anormal...
-Quizá tenga usted razón, Watson. Me imagino que la influencia de esto es físicamente dañosa. Sin embargo, encuentro que estimula y aclara el cerebro de una forma tan trascendental, que me resultan pasajeros sus efectos secundarios.
-¡Reflexione usted! -le dije con viveza-. ¡Calcule el coste a que le resulta! Quizá su cerebro se reanime y se excite, según usted asegura; pero es mediante un proceso patológico y morboso, que trae como consecuencia un aumento en el cambio de los tejidos y que pudiera acarrear al cabo una debilidad permanente... ¿Para qué correr el riego de perder esas grandes facultades de que usted se halla dotado? Tenga presente que no le hablo tan sólo de camarada a camarada, sino de médico a una persona de cuyo estado físico es, hasta cierto punto, responsable...
-Mi cerebro se rebela contra el estancamiento. Proporcióneme usted problemas, proporcióneme trabajo, deme el más abstruso de los criptogramas, o el más intrincado de los análisis, y entonces me encontraré en mi atmósfera propia. Podré prescindir de estimulantes artificiales. Pero aborrezco la monótona rutina de la vida. Siento hambre de exaltación mental. Ahí tiene por qué he elegido esta profesión a que me dedico... (8)
El argumento de esta novela gira en torno a un ciudadano inglés que se va las colonias para enriquecerse y vuelve a Inglaterra cargado de riquezas pero con un crimen en la conciencia. Holmes descubre y resuelve el caso, Watson se casa y otro de los personajes se lleva la gloria; por lo que al final de la historia, el médico comenta con su camarada: "El reparto me parece muy poco justo... Usted lo ha hecho todo en este asunto. Yo me llevo la esposa. Jones se lleva la fama. ¿Quiere decirme que queda para usted?" Sherlock Holmes lleva su mano larga, blanca y nerviosa hacia el estante donde reposan sus objetos personales mientras contesta: "Para mí queda todavía el frasco de cocaína!" 
Es interesante hacer notar que cuando aumentó su popularidad, nuestro detective dejó de administrarse su recompensa (o por lo menos públicamente) ya que en las novelas que siguieron no se menciona más el tema...

Me voy a dormir antes de que me ponga a hacer llamados...

jueves, 3 de febrero de 2011

Cualquier similitud con la ficción es mera coincidencia...


De adolescente fui muy fanática del anime, y uno de los que me voló la cabeza fue (y es) Evangelion.

Mi personaje preferido es Misato Katsuragi, una mujer de 29 años que labura en el departamento de Estrategia de NERV. Esta morocha es carismática, inteligente, alegre, osada, optimista, intrépida, linda, interesante y también inmadura a simple vista. Chupa birra a todo momento durante casi toda la serie, no sabe cocinar (vive a comida preparada) tiene el departamento hecho un quilombo y repleto de escabio, y en varias ocasiones se comporta de forma muy seductora con los hombres que la rodean. En realidad es una mina muy noble, de gran corazón y bondad, que se siente sola pero trata de ocultar sus mambos con una máscara de despreocupación, alegría y relajo. Siempre busca compañía masculina, en uno de los últimos capítulos declara que le gusta ser provocativa con los hombres, ¨sentirse sucia¨ pero es para evitar estar sola.
Según Hideaki Anno, su creador, ¨es extremadamente temerosa de ser lastimada¨ y también ¨inadecuada para ser llamada heroína de aventura¨. 
 Fue sobreviviente del Segundo Impacto, su papá la introdujo en una cápsula salvándole la vida antes de morir. Por este motivo quedó traumada y perdió el habla por dos años.
-Todo indica que Misato tiene una especie de complejo de Electra (atracción afectiva de la nena en la figura paterna) que se entiende por la pérdida de su viejo siendo ella pequeña-
Con el tiempo se vuelve habladora y extrovertida, conoce en la Universidad a Ritsuko y Kaji y se mete de novia con éste último (y llegan a faltar una semana a la facu para quedarse garchando, genial!) pero después se da cuenta de que el tipo le recuerda mucho a su viejo y lo deja (igualmente cuando él vuelve a escena el director da a entender que estan juntos cuando pinta, bah hasta que Kaji es asesinado).
 Luego se unió a NERV desesperada por vengar a su padre y destruir a toda costa a los Ángeles.
 A pesar de vivir copeteada y resacosa, Misato es tambien una tipa capaz de asumir el mando y tomar decisiones en situaciones extremas, muy querida y respetada en el laburo (la ascienden al rango de Mayor después de unas ingeniar unas estrategias brillantes en la lucha contra los Ángeles). 

Mamá dice que por culpa de Misato, de los 90´s, la birra en la calle con los pibes a un sope y las vueltas de la vida yo soy como soy, que dicha conjunción y otras yerbas condimentaron mi esencia... Si asi es, debo agradecerle a la mente retorcida de Hideaki Anno por haber creado un personaje tan entrañable y fácil de querer en una serie con un argumento tan complejo entre mechas, religión y psicología. Y a mis padres por haberme creado a mi. Y a la vida, sus golpes, caricias y condimentos por convertirme en una especie de Misato argentina, salvando las distancias.



viernes, 28 de enero de 2011

VINO MARIANI




Escuchando, leyendo y analizando los temas del Indio de su último laburo ¨El perfume de la tempestad¨ me detuve en el tema 7 denominado ¨Vino Mariani¨. -No voy a analizar la letra por este medio, creo que cada uno puede darle la interpretación que se le antoje a las canciones que le gustan y emocionan, según el momento de la vida por el que transite, su estado de ánimo, sus ideas, etc.-

Resulta que el Vino Mariani fue algo asi como un tónico revitalizante cuyos ingredientes eran vino y extracto de hojas de coca. El padre de la criatura en cuestión fue un caballero nacido en Córcega el 17 de diciembre de 1838 llamado Angelo Mariani.

Desarrollada en el año 1863, la bebida gozó de un gran éxito (no podría ser de otra manera) y asi se anunciaba:

"Nueva vida, nuevo vigor. Vino tónico y estimulante que fortalece, refresca y restaura las fuerzas vitales. Por exceso de trabajo, o para la fatiga física o mental, nada iguala al Vino Mariani por sus efectos benéficos, inmediatos y duraderos. Esta aseveración se basa en apoyos escritos de más de 7000 eminentes médicos y por su uso continuo por más de 30 años en hospitales, instituciones públicas y religiosas, en todas partes."

El corso elaboró también el Elixir Mariani (de graduación más alta que el vino), pastillas, pastas, infusiones, tintura analgésica y hasta un dentífrico de coca.

Pero Angelo Mariani era además amante del arte y de los objetos raros. Y estaba dotado de un admirable sentido publicitario. Se le ocurrió que podía promocionar sus productos y al mismo tiempo reunir una colección única en el mundo, enviando un suntuoso obsequio de botellas a personas notables, figuras públicamente reconocidas, para obtener como respuesta una nota de agradecimiento autografiada, acompañada muchas veces de un elogio del producto. Así se fueron formando los famosos álbumes Mariani.
En los mismos figuran reyes, papas, príncipes, escritores, músicos, magistrados y, sobre todo, eminencias médicas. Se alternan nombres como los del inventor Thomas A. Edison, la actriz Sarah Bernhardt, los músicos Massenet y Gounod, militares como el general Pétain, escritores como Emile Zola, Anatole France y Edmond Rostand. En cada caso hay, en esos álbumes, un esbozo biográfico del personaje y un grabado con su retrato, además de su firma y unas líneas en prosa o poemas breves, partituras musicales, dibujos, anagramas... Los álbumes Mariani fueron editados en París por la Librairie Hentu Fleury de 1894 a 1906, en ediciones exquisitas.

¿Qué decían esas celebridades? Anatole France escribió: "Es verdad que el vino de coca Mariani es excelente y difunde un fuego sutil por todo el cuerpo". El novelista belga Camille Lemonnier anotó: "Coca Mariani, sangre negra de una viña en que bebo la embriaguez de las metáforas." El poeta Barbier le dedicó un poema, en el que la llama:
"Vino de terciopelo, licor de cálida caricia,
Íntimo amigo que se prodiga en alegre plática,
Néctar de sortilegio, consejero de ternura,
mago que apresta el espíritu del poeta."

Y Edmond Rostand, autor (entre otras obras famosas) de "Cyrano de Bergerac", aseguró en un poema intraducible, que de todos los elixires el mejor era esa extraña mezcla de vino y coca.

Asi las cosas, el Papa León XIII (1810-1903) otorgaba una medalla de oro a Don Angelo por su invento; Sigmund Freud recomendaba la cocaína a pacientes, amigos y familiares; sir Arthur Conan Doyle, en 1890, describía a Sherlock Holmes como usuario habitual de cocaína (intravenosa, un animal!); y Robert Louis Stevenson escribía en menos de una semana Doctor Jekyll y Mister Hyde, probablemente duro cual paquete de pastillas Refresco.
El popular actor cómico y cantante francés Jean-François Berthelier (1830-1888) fue otro de los personajes de la época que le levantó el pulgar al Vino Mariani y el pintor Jules Chéret (1836-1932) realizó en 1894 una vistosa gráfica publicitaria incentivando su consumo.

La comercialización del vino se prohibió poco antes de la muerte de Mariani (1 de abril de 1914), a comienzos de la Primera Guerra Mundial, cuando se conocieron los efectos del clorhidrato de cocaína.

Un artículo que apareció en "Le Figaro" firmado por Emile Gautier resume la inmensa aceptación que gozó el producto, incluso muchos años después de la desaparición física de Mariani: "He aquí un licor
exquisito, un cordial a la vez incomparable y un regalo digno de los dioses, algo semejante -¿quién sabe?- al viejo néctar olímpico, cuya receta, extraviada desde hace muchos siglos, habría sido encontrada en los archivos de los incas de la prehistoria por un sabio que es al mismo tiempo un poeta".

Angelo Mariani ocupa un lugar muy importante en la lista de quienes han defendido la hoja de coca con prudencia y conocimiento, aunque la receta de su elixir mágico la llevó consigo a la tumba.


Qué les parece, faináticos? Vamos a buscar las esferas del dragón para resucitar a Don Angelo!


Encantada de conocerlos. Abrazos redondos y besos de ricota.